Recomendar una película que tiene 42 años, de director italiano, música de Morricone y título en portugués supone casi un riesgo… Siempre que el lector no recuerde La batalla de Argel u Operación Ogro, por supuesto. Estas dos obras de Gillo Pontecorvo podrían ser igualmente recomendadas en estas páginas tanto por su calidad como por su “actualidad”, si tenemos en cuenta las circunstancias que ahora se viven en Argelia y en el estado español.
Pero el caso de Queimada! es mucho más interesante para los amantes del cine (y no menos actual, en el primer aniversario del terremoto de Haití). Hay quien la tilda de irregular, de larga y de no haber sabido superar el tufillo de spaghetti-western (en el montaje y parte de la banda sonora) que caracterizaban una parte del cine de la época. Por eso, es necesario asomarse a sus imágenes y diálogos sin cánones preconcebidos, salvando el estrecho molde por el que se ciñen las realizaciones actuales… y descubrir el arte de hacer cine político o, mejor dicho, cómo hacer política con arte.
La isla “quemada” podría ser cualquiera del Caribe, desangrada bajo el esclavismo a manos de una potencia europea ya en declive. El moderno imperio británico envía a su agente William Walker (Marlon Brando, impresionante) para propiciar la revuelta de la población, la “independencia”, que facilite la nueva invasión y la apropiación británica del monopolio de su único recurso, la caña de azúcar. Así, los esclavos pasarán a llevar el nombre de “obreros”…